Rojo Valentino: cómo un color construyó una leyenda de la moda

 El pasado 19 de enero, la industria lloraba la pérdida de Valentino Garavani, uno de los diseñadores más icónicos de la historia, que entendió cómo permanecer en la moda, más allá de las tendencias.

El diseñador Valentino Garavani en 1999, posando junto a unas modelos que lucen diseños de su firma, en el clásico 'rojo Valentino'.
Hablar de Valentino, trata de un diálogo de elegancia atemporal, cortes exquisitos, diseños repletos de glamour y una casa de costura admirable. El inicio del 2026 se teñía de luto en el mundo de la moda, despidiendo al icónico modista italiano que con 93 años de edad y más de 45 en el oficio, ponía punto y final a una vida y una carrera profesional intachable, entregando un sinfín de piezas y momentos inolvidables, convirtiéndose así en un verdadero referente de la industria.

Valentino Clemente Ludovico Garavani nació el 11 de mayo de 1932 en Voghera, Italia. Se crío en una familia tradicional y burguesa, que disfrutaba de ciertas comodidades y que inculcaron al pequeño Valentino una gran disciplina y buenos modales. Desde muy pronta edad, el diseñador ya mostró su fascinación por la belleza, el arte y la moda. Y es que, mientra sus compañeros de clase aprovechaban los recreos para jugar y divertirse en grupo, él prefería pasar horas diseñando bocetos de elegantes mujeres que lucían ostentosos vestidos de noche, inspirados en los clásicos diseños de las divas de la época dorada de Hollywood que tanto admiraba.


Un jovencísimo Valentino Garavani, examinando algunas de las primeras piezas que diseñó a finales de los años 50, el icónico vestido 'Fiesta' que presentó en 1959, el diseñador junto a una modelo saludando tras el desfile de alta costura primavera-verano 1985 y fotografía de la primera colección oficial de Valentino, presentada en el Palacio Pitti de Florencia en 1962.
Pese a tener que afrontar los estragos que surgieron durante la Segunda Guerra Mundial, Valentino siempre contó con el apoyo incondicional de sus padres para conseguir su sueño de convertirse en un diseñador de éxito y siendo todavía adolescente, comenzó a dar los pasos necesarios, ingresando en el Instituto Marangoni (entonces llamado Istituto Artistico dell’Abbigliamento), una de las escuelas de moda más reconocidas de Italia, en la que recibió una formación centrada en dibujo de moda, funciones de patronaje y corte y confección. 

Se trataba de una educación más técnica que conceptual, en la que aprendió la destreza de la moda italiana de ese momento pero el joven Garavani, fantaseaba con el glamour y la sofisticación absoluta que atesoraba la alta costura y sentía que debía acudir a París, allí donde habían nacido las reglas del lujo moderno, para transformarse en un verdadero couturier. Tras aterrizar en la capital francesa, siguió estudiando en École des Beaux-Arts de París y Chambre Syndicale de la Couture Parisienne, dos importantes escuelas de moda que terminaron de pulir el diamante en bruto que era. Además de cumplir con sus estudios, también accedió como aprendiz en firmas como Jean Dessès, donde conoció las claves de la construcción de los drapeados perfectos y Guy Laroche, donde entró en contacto con unas prendas más modernas y comerciales.



''No quiero vestir a una mujer para que todos la miren, sino para que ella se sienta maravillosa. Si el vestido entra en la habitación antes que la mujer, algo está mal''
Valentino Garavani



Una vez finalizados sus estudios y con una experiencia adquirida, Valentino decidió volver al país que le vio nacer y en 1959, apoyado financieramente por sus padres, fundó su propia firma en Roma, marcando así el inicio de la que posteriormente se convertiría en una de las casas de moda más relevantes del panorama internacional. En 1960, el atelier del que era propietario en Via Condotti, fue testigo de sus primeras propuestas. Unas piezas que se alejaban de lo experimental, abrazando la elegancia atemporal en forma de vestidos de noche con cinturas marcadas y faldas con movimiento en sedas, chifones y organzas teñidas de blanco, marfil, beige y negro. Una oda a la sofisticación y el romanticismo que, pese a que en un principio no tuvieron la acogida que el diseñador esperaba, pronto se convertirían en auténticos objetos de deseo, gracias en parte, a la participación de Giancarlo Giammetti.

Giammetti, era un joven hombre de negocios, apasionado por el arte y la moda que se movía en distintos círculos culturales y aristocráticos de la ciudad. Y precisamente fue en ese entorno, en el que conoció a Valentino. Tal fue su interés por los trabajos del diseñador, que comenzó a ayudarle en la gestión, las relaciones públicas y la promoción. Lo que en un principio parecía tan solo un binomio laboral, terminó transformándose en una relación sentimental, formando una pareja única, donde creatividad y negocios se complementaban, y que se ha mantenido hasta la muerte del modisto.


La modelo Susan Smith en 1983 con un vestido metalizado de Valentino, sesión de fotos de 1976 para la revista Vogue británica, dos modelos posando diseños de la colección alta costura primavera-verano 1971, detalle de uno de los looks de alta costura primavera-verano 1988, la colección Valentino White presentada en 1968, tres vestidos de noche del desfile alta costura primavera-verano 1986 y varios estilismos del modisto fotografiados en 1967.
La clientela romana, se mostraba bastante conservadora y al tener seleccionados sus modistos de cabecera, les resultaba un tanto complicado apostar por firmas emergentes. Tal fue así, que tras una temporada económicamente dificultosa, Valentino decidió centrarse en lograr la atención de posibles consumidores, presentando por todo lo alto el que sería el primer desfile formal de su carrera. En 1962, las ornamentadas paredes del Palacio Pitti de Florencia, se convirtieron en el escenario idóneo para una presentación que acaparó todas las miradas de compradores estadounidenses, prensa internacional y la aristocracia europea, salvando así al atelier de la quiebra y colocando a Italia, al nivel de la alta costura parisina.

Y precisamente, en esta colección de 1962, fue donde emergió la obsesión del diseñador por el rojo. Y es que, entre muchos de los  looks en tonos blancos, neutros y pastel, brotaba un impresionante vestido palabra de honor en chiffon de seda, con cintura marcada y unas aplicaciones florales en la falda, que destacaba frente al resto, debido a su intenso color. Uno saturado y luminoso, situado muy cerca del rojo primario, pero con un subtono ligeramente cálido para resultar más favorecedor. Un rojo que se percibía incluso en la distancia, pero lo suficientemente contenido para mantenerse en el perfecto equilibrio entre la sensualidad y la elegancia. Un rojo muy rojo. Un rojo, que debido a las buenas críticas recibidas y el éxito en ventas que supuso para la firma, acompañaría a Valentino durante el resto de su trayectoria profesional, vinculándole hasta el día de hoy con esa icónica tonalidad.



''La elegancia no es algo que se note de manera inmediata. Es algo que se recuerda después. Es el equilibrio perfecto entre proporción, emoción y una pequeña sorpresa que hace que todo sea especial''
Valentino Garavani



Una vez lanzada la aclamada colección, el modisto obtuvo una relevancia internacional muy importante, que le sirvió para poder continuar mostrando gran parte de la identidad de la marca, sustentada en un refinamiento femenino casi extremo, que se alejaba de las volátiles tendencias del momento y que se decantaba por piezas atemporales muy favorecedoras. Tal era así, que más allá del historial de clientas fijas que logró poseer, sus imponentes diseños, ascendieron hasta su tan adorado Hollywood, vistiendo a relevantes figuras del cine de la época como Sophia Loren, Elizabeth Taylor o la mismísima Audrey Hepburn. 

Pero si hay una célebre mujer que logró conquistar con sus prendas, esa fue sin duda Jacqueline Kennedy Onassis. La inolvidable primera dama de los Estados Unidos, mostró en decenas de ocasiones piezas de la casa. Incluso, lo eligió para diseñar el traje de novia que luciría en 1968 durante su boda con el popular magnate naviero Aristóteles Onassis, tras la trágica muerte de John F. Kennedy. Se trataba de un sencillo conjunto de dos piezas de encaje en color marfil, que levantó ciertas críticas por ser corto y salirse de lo convencional. Un dos piezas, que en 2024 salió a subasta por un valor de entre los 8.000 y 12.000 dólares.


Valentino Garavani junto a Sophia Loren en una fiesta de la firma celebrada en 1992 en Nueva York, la actriz Elizabeth Taylor en la gala de los Oscar de 1993 con un vestido de la marca, Jacqueline Kennedy Onassis vestida de Valentino durante su boda con Aristóteles Onassis en 1968 y Audrey Hepburn luciendo un diseño de la casa durante la sesión de fotos para la revista Vogue Italia en 1969.
La década de los años 60, significó una maravillosa temporada para la firma, que se encontraba en pleno ascenso a la cima del éxito, con unos esperadísimos y aplaudidos desfiles en los que su tan característica sobriedad, parecía ser imparable. Aún así, el diseñador no contaba con boutiques propias. Valentino, atendía de manera personal a su selecta lista de clientas en el atelier de Roma y las ventas internacionales, se hacía a través de grandes almacenes en Europa y Estados Unidos. A partir de 1970 y con unas bases ya muy asentadas en la industria, fue cuando decidió abrir sus propios establecimientos, escogiendo Florencia, Milán y Nueva York como primeras ciudades seleccionadas.

Además, comenzó a desarrollar colecciones prêt-à-porter, más accesibles que la alta costura, acompañándolas con bolsos y zapatos propios, que le permitieron expandir la clientela sin perder exclusividad y reforzar la identidad de la marca y su presencia en las boutiques. La delicadeza del encaje y los prints florales en vestidos de cóctel o los abrigos y capas rectas para diario, se teñían de blancos, negros y tonos suaves. Por supuesto, su alabado 'rojo Valentino', seguía apareciendo en sus propuestas de gala, reinterpretando el famoso color en distintos materiales y cortes.


El diseñador saludando tras un desfile en 1991 presentado en París, un diseño bicolor de la colección otoño-invierno 1987, imagen detalle de un look de 1998, la modelo Shalom Harlow en la pasarela alta costura otoño-invierno 1994, Claudia Schiffer en el desfile otoño-invierno 1996, instantánea del desfile otoño-invierno 1989 y vestido de la colección otoño-invierno 2003.
Para los años 90 y principios de los 2000, Valentino ya había expandido su imperio hasta Asia y contaba con líneas de perfumería y accesorios como gafas de sol, cinturones y joyería. La década también marcó la transición de la alta costura hacia un público más global y moderno, sin perder identidad. Asimismo, la firma estaba presente en las alfombras rojas más relevantes del panorama internacional, sirviendo como un gran escaparate y demostrando que pese al paso de los años, seguía siendo una de las casas más solicitadas del star system. En 1999, con motivo del 40 aniversario de la firma, el diseñador  reunió los 40 vestidos rojos más emblemáticos de su carrera y los expuso en la Piazza di Spagna en Roma, dejando patente cómo el característico color, había sido un hilo conductor a lo largo de su trayectoria en la moda.

En 2003, anunciaba la creación de una nueva línea llamada REDValentino. Una submarca, más orientada a un público joven que buscaba la elegancia del clásico Valentino, sin la formalidad y precio extremo de la alta costura. Una visión más cercana y centrada en prendas de día, sencillas, frescas y funcionales, pero sin perder un ápice de distinción.



''A veces sueño con vestidos. Entonces enciendo la luz de mi mesilla y dibujo. También me inspiro si voy a un museo o al teatro. En cualquier lugar puede existir la inspiración''
Valentino Garavani



Entre tanto trabajo, Valentino comenzó a sentir que necesitaba descansar. Ya superaba los 70 años y durante más de cinco décadas, había puesto todas sus energías en elevar su marca hasta el olimpo de las firmas de moda y ya lo había conseguido. Ya era tiempo de disfrutar de lo logrado y retirarse. Y así lo anunció por todo lo alto en 2008 con un inolvidable desfile (alta costura primavera-verano 2008) en el que fuimos testigos del asombroso talento que tenía. Una impresionante colección, que servía como colofón a una carrera profesional brillante e inmortal, en forma de elegantísimos vestidos de noche y trajes de cóctel en sedas, satenes y gasas, teñidas en un sinfín de luminosas tonalidades como el azul bebé, el rosa y amarillo pastel, el lavanda, el verde menta etc. y adornados con estampados florales y delicados volantes que otorgaban la característica clásica feminidad por el que el modisto tanto abogaba. 



''El rojo es un color fuerte, es vida, pasión, amor, energía, poder. El rojo hace que una mujer no pase desapercibida''
Valentino Garavani



Un total de 39 looks recorrieron una larguísima pasarela, que contaba con una sorpresa final. Tras apagarse todas las luces y parecer que el desfile había terminado, las pantallas que rodeaban el escenario, fueron impregnándose de un color rojo, dando paso a casi una treintena de modelos, luciendo el mismo vestido vaporoso con tirantes asimétricos y espalda descubierta en un 'rojo Valentino'. El color que había forjado la personalidad de su marca y que tantos buenos momentos le había otorgado durante toda su etapa laboral. 

Un color del que se enamoró en Barcelona durante los años 50, donde al acudir de espectador a una ópera, se percató de cómo pese a la gran cantidad de invitadas que acudieron al teatro, una mujer que lucía un traje rojo, era la que destacaba sobre el resto con gran diferencia. El pigmento, absorbía la luz de la sala y destacaba sin pretenderlo, dejándolo absolutamente atónito. Sin aún saberlo, ese momento marcaría un antes y un después en su trabajo, quedándose para siempre ligado a esa tonalidad que tanto impacto supuso en sus diseños y que estalló a modo de despedida en su última presentación.


Instantánea de la exhibición 'Forever Valentino' de 2022 expuesta en Qatar, la modelo Natalia Vodianova desfilando para la colección alta costura primavera-verano 2008, la última diseñada por el propio Valentino, el exitoso modelo de calzado 'Rockstud' lanzado en 2010 y el inolvidable final del desfile alta costura primavera-verano 2008.
Tras su salida de la firma, Valentino obtuvo el descanso que tanto tiempo había deseado. Aún así, siguió acudiendo a eventos relacionados con la moda y a pesar de que su imagen seguía completamente ligada a la casa, ya no formaba parte del grupo creativo. Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli, quienes ya colaboraban con el diseño de accesorios para la marca desde 1999, cogieron las riendas de la dirección creativa y vivieron junto a ella grandes hitos como el modelo de calzado 'Rockstud'. Unos zapatos destalonados y con pulseras adornadas con tachuelas, que combinan la elegancia clásica de Valentino, con una estética punk moderna y desenfadada. Presentados originalmente en 2010, generaron ingresos de 152 millones de dólares solo entre 2014 y 2019, renovándose y agotando existencias temporada tras temporada y proclamándose como una de las piezas más icónicas de la maison.

En la actualidad, Alessandro Michele es el encargado de continuar el legado del modisto, descifrando su arte y explorando nuevas facetas para la casa. Una casa en la que el propio Valentino, sigue muy presente. Tanto, que decenas de museos en todo el mundo deciden mostrar muchos de sus diseños en maravillosas exposiciones (como 'Forever Valentino' en Qatar u 'Orizzonti/Rosso' y 'VENUS – Valentino Garavani through the eyes of Joana Vasconcelos' en Roma) poniendo de manifiesto, la influencia que ha supuesto en la industria de la moda.



''Estoy especialmente agradecido de haber podido mantener mi propio estilo a lo largo de las décadas, a pesar de los muchos cambios que han tenido lugar en el mundo de la moda y en su negocio''
Valentino Garavani



El 23 de enero de este mismo año, la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri en Roma, fue el lugar elegido para el funeral de Garavani. Entre todos los asistentes vestidos de riguroso luto, pudimos ver a Donatella Versace de rojo. Un 'rojo Valentino'. Sin duda, un atuendo audaz, que no rompía el protocolo, lo reinterpretaba. Un gesto cargado de memoria que servía de homenaje a un hombre que escogió el rojo como afirmación vital. Un hombre que siempre defendió la luz frente a la oscuridad. Un hombre, que incluso en el silencio del adiós, transformó la sombra en color, y el final, en resplandor.